21.12.09

Y forjaran acero en sus manos.

Cien mil pies de altura.
Veinticinco toneladas de limones.
Un serrucho gastado.
Novecientas pepitas de chocolate.
Tres tristes tigres.
Y agua bendita.
Como bendita sea tu mirada, como vendetta que me mata, como algo que se escapa, y escapando sale ganando, y gana así mil rachas y se esconde entre los ojos.
Hace que estén tristes, por que tristes están tres, si no fueran tigres serian diez, y si diez tristes se entristecen, no serian tigres esta vez.
Es el agua que se pierde, chocolate que se bebe, bebe sin resaca así quema a quien los saca, son de chocolate y son chiquitos, son chiquitos son pepitos.
Cuando corta ese esquema se llena de ballenas, sabe abrir la canilla para que corran las ladillas, no sabe si sabrá que es el saber pero sabe como hacer, y se gasta de cortar, entonces canta.
Agriando el suelo, es sangre de la herida y se hace bien profunda al mezclar las mandarinas, contando con su fuego es nada y nada es alguien.
Cayó cien mil pies de altura, recitando palabras mudas, no se siente en el sentido, y no supo ir tranquilo, cien mil pies de altura, desde tus ojos a tu cintura, así se volvió loco y cantó cosas boludas, cien mil pies de altura, lo que hace falta hacer para poderte tener, cien mil pies de altura, si es por ella los tendré que caer.




Siempre seremos prófugos.

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