Sabia abrir el entorno con una desahuciada mirada de desvelo, tenia como nombre el agitar del cuerpo del demonio, no comprendia el tiritar de las gaviotas en celo, ni mucho menos el atrofiante ruido de grandes campandas que producían ese agitamiento de soslayo de sus timpanos.
Donde encontró esa historia, pocos lo saben contar, de sus días mas borrosos su ojo descarriado afinó la marca de lo que hoy seria su perdición y su demencia, e implementó mapas de serenatas para ser parte de una casual sonrisa, para ver en esa cara de hierro una atribulada sonrisa.
No podría ser mas si no estuviera en el esa agraciada silueta de marinera mirada, y ese fulgor de una caricia que entreabrió la incógnita de su alma, y es parte de un todo que no tiene restricciones, y se asombra, por que es el quien no puede morir, no puede siquiera vivir, y sigue una ruta que no lo lleva a ningún lugar conveniente, pero aun así se adentra, se arriesga y es cegado por el poder de algo que aun no concibe, pero lo siente.
Siente, y se apaga.
Bastara solo mirar donde iremos, para saber si llegamos.
9.12.09
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