Entreabrió las persianas y un sutil aroma de encanto entro por mis oídos.
Su cara estaba pálida y los ojos enardecidos de danzante hermosura.
En el borde de su imaginaria silueta saltaban sin compás radiantes bailarines de luz.
Contra su pecho un fino cordón de seda se cruzaba entre las dos alas de su blusa.
Me pudo mirar con cara de incertidumbre, y sin esfuerzo la cambie por alegrías.
No trate de pararla, ella estaba corriendo y se alejaba, al tiempo que también se acercaba.
La noche paso distante y se murió joven, el sol llego con ansias y apago el ultimo fuego.
Termine así de espaldas acostado sobre un lecho de algodones, y con los pies fríos.
Abracé una almohada, recite su nombre y me apague en el sueño.
30.11.09
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ResponderEliminarAH PERO VOS SOS UN TIERNO!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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